LA CONTADORA
Tu dedo en mi espalda
Dibujó un corazón
Y mi mano le correspondió debajo de tu falda
Sabina.
Dicen que no hay que negar un vaso de agua. No estoy de acuerdo. A veces, es necesario. Cuando llegué a trabajar a la oficina de gobierno, en el centro de la ciudad. Los trabajadores llevaban, llevábamos, nuestra propia agua.
Recordemos que el verano en Morelia es muy caluroso y las oficinas donde llegué a trabajar eran, son, poco prácticas. Parecíamos ratas hacinadas. Escritorios pegados unos con otros. Se sentía el calor humano y la sed comenzaba a sentirse más, alrededor de las once de la mañana, después de almorzar.
El ambiente con los compañeros era afable. Algunas veces compartíamos el almuerzo y el desodorante en spray para combatir los malos olores; del calor humano y de los restos de comida. Las más de las veces, era necesario comprar más agua para saciar esta sed de desierto.
Llevé dos cactus para que hubiera algo verde en la oficina. Quitamos los adornos navideños, estábamos en mayo, colocamos banderas nacionales. Una compañera aportó un cuadro de la catedral y una foto del acueducto. No puede faltar en ningún hogar u oficina adornos significativos como estos, al menos en Morelia.
En un momento de inspiración, pedí en la tienda de enfrente un garrafón prestado, dejando el importe, claro. Aunque el agua no estaba fresca, al menos nos alcanzaba para dos días y con una coperacha, se podía surtir sin problemas.
Ah, pero la contadora Nancy, encargada de los dineros de la oficina. En cuanto vio, al tercer día, que contábamos con un garrafón con dispensador, aportado por la misma compañera del cuadro. Llegó con su vaso con la intención de servirse. La paré en seco. Puse la mano en el dispensador, emitiendo un rotundo no.
—Un vaso de agua no se…niega —expresó,
>anonadada
>abrumada
>sorprendida, la contadora—.
—Claro, que sí—. Interrumpí, con la mano sobre el dispensador. Mirando a los ojos de la contadora.
<Muy agraciados, por cierto>
Puso su mano sobre la mía con la intención de llenar su vaso. Sintió las miradas inquisidoras de los empleados
<Era una verdadera tacaña>.
—Sí, se la niego. Usted, la ha negado por años, ¿no?
Se oyeron expresiones, en voz baja,
>de piche vieja
>se lo merece
>por eso nadie la pela y está sola
>y más, en las que no vale la pena explayarse.
Sus ojos se llenaron de >ira
>desconcierto
>incredulidad.
Arrojó mi mano con fuerza. Giró sobre sus talones, pero se le quedó atorado el tacón izquierdo. >Nuevamente risas
>ups
>se lo merece.
>Aguas, contadora.
>Más risas, indiscretas.
—Engreído, váyase al carajo, patán— me gritó, con sus llorosos
>suspicaces
>desorbitados
>ojos.
Algunos me aplaudieron, la mayoría se quedaron boquiabiertos
>expectantes
> recelosos de no haberlo hecho ellos
> ¿borregos?
Al día siguiente, la contadora no fue a trabajar. El subsiguiente lunes, no únicamente, en nuestra oficina, sino en todo el edificio, aparecieron dispensadores eléctricos que enfrían y calientan el agua, con dos garrafones de reserva, llenos.
Al mediodía, me llamó la contadora a su despacho. Me replicó mi conducta pendenciera
>mi lenguaje soez
>mi mano en sus manos
> mi mirada en sus ojos
<muy lindos, por cierto>
—¿Cree que se lo merece todo? O ¿qué, diga?
—Soy un hombre de buenas costumbres,
>lamento
>deploro
>me aflige
que mi manera de expresar no fuese la correcta. Sus ojos florecieron
>luminosos
>gratos
>negro y brillantes.
—Dicen que es una mujer solitaria— agregué— >con voz trémula
>el corazón golpeando mi pecho
>mirando sus ojos negros
<muy galanes, por cierto>
—Mire, usted, jactancioso, eso
>eso me lo va a decir a la hora de la comida— me retó.
—Lo haré con deleite
>con satisfacción
>con júbilo.
Con complacencia
Nos miramos directo
>con sus lindos
>negros
>sorprendentes
>los suyos >ojos,
los míos brillantes.
Chocamos nuestros vasos de plástico, para ponernos de acuerdo.
—No me niegue el agua, por fa…— su mano>
>señaló
> tatuó
> embarró una gota de agua en mi mano
>en mi corazón
>en mi hígado
>en mi espalda
Mi mano libre
>caminó
>reptó
>correspondió de bajo su holgada falda.
—No me niegue lo que le pida, por fv….
Así nos encontró
>la luna
>las estrellas
>el deseo
> la sed.